La familia del joven fallecido al ser golpeado por una placa de una obra en Punta Mogotes espera avances judiciales. El recuerdo de Ryan y el destino trágico sobre una moto que había comprado para venir a Mar del Plata.
Se cumple un mes del fallecimiento de Ryan Ayala, el joven motociclista que murió el 20 de febrero luego de ser embestido por una placa de una obra mientras circulaba por la zona de Punta Mogotes. El dolor sigue golpeando a la familia del joven que había venido a pasar unos días a Mar del Plata, para lo que gastó una indemnización reciente en una moto con la que podía viajar a nuestra ciudad y trabajar: “Continuamos adelante por nuestros otros dos hijos”, dicen.
A la espera de novedades en el ámbito judicial, su papá y su mamá confían en que la causa puede prosperar. “No entendemos cómo pasó esto, la empresa debe dar respuestas. No se puede hacer una obra de esa magnitud sin tomar las medidas de seguridad necesarias; fue una negligencia. A mi hijo me lo sacaron por no hacer las cosas bien“, lamentó su padre Diego, desde Buenos Aires.
El temor de la familia es que algo similar pueda volver a ocurrir, ya que sostienen que todavía no se resguardó la obra: “Está abandonada, no tiene malla de seguridad, incluso hay fenólicos mal pegados en el techo como los que mataron a Ryan”, sentenció.

La falta de controles es una de las principales falencias a las que apuntan, no sólo por parte de la empresa sino también con respecto a las autoridades locales. En especial, luego de que la vecina que vive al lado del edificio denunciara diez días antes la caída de mampostería en el patio de su casa.
“Nadie de la firma me llamó y el Municipio se comunicó con nosotros cuando ya teníamos todo el velorio arreglado. Por suerte pude acudir a amigos que me dieron una mano gigante junto con la gente que ayudó con el sepelio para trasladar el cuerpo“, contó Diego, recordando el momento en el que debieron llevarlo a su Claypole natal.
Atlético, dedicado, amoroso y familiero. Así lo recuerda su entorno a un mes de su partida. “Yo digo que era perfecto, no tenía maldad, nada en contra“, describió Diego, junto a su esposa, al hijo que perdieron hace un mes.
Conmovidos, contaron cómo a los 15 años Ryan decidió sumarse al Ejército con una disciplina que mantendría el resto de su vida: “Iba todos los días al gimnasio, jugaba a la pelota con sus amigos, corría, hacía boxeo. Era re sano, un ejemplo para cualquier pibe“.

Uno de sus últimos trabajos fue en la empresa de insumos sanitarios Ferrum, donde se desempeñó hasta el momento de viajar a Mar del Plata. El despido de 80 personas lo incluyó a él, por lo que obtuvo una indemnización que destinó a la compra de una moto.
Con ese rodado se trasladó hasta la costa para quedarse durante un mes, y trabajar en una aplicación de transporte. “Estos días son terribles para nosotros porque es la época en la que tendría que haber vuelto. Se había quedado en la casa de los tíos y viajaba como Uber para pagarse sus cosas. El destino que tuvo fue terrible”, remarcaron.
Quienes hoy impulsan a la familia Ayala a seguir adelante son sus otros dos hijos: Camila, de 21 años, y Dylan, de 7. El más chico era como un hijo para Ryan, con quien compartía de todo y que hoy sufre su ausencia.
“Los viernes era su día, compartían de todo y se quedaban a dormir para desayunar juntos el sábado. Hoy seguimos por ellos. Si fuera por mí hubiera dejado todo, el dolor es tan grande que cuesta, pero vamos a salir“, dijo Diego con la fortaleza que hoy sigue mostrando junto al resto de su familia.