sábado, junio 15

Desde adentro: cómo se preparan los militares argentinos para su encuentro con los marinos estadounidenses

“Son ejercicios normales, de fraternidad”, coincidieron tripulantes del patrullero oceánico ARA Contraalmirante Cordero, al que abordó un equipo de Ahora Mar del Plata y Canal 8 para un informe especial.

Son contadas las excepciones en las que los civiles pueden abordar un patrullero oceánico y con el camarógrafo Juan Ciarrapico -del equipo de contenidos digitales de Canal 8- pudimos hacerlo en dos de los cuatro que pertenecen a la Armada Argentina, en vísperas de los ejercicios militares que cumplirán con la Marina de Guerra de Estados Unidos.

Alrededor de las 9 de la mañana del miércoles, comenzamos la travesía para ver desde muy cerca los entrenamientos militares que contaron con el despliegue de tres patrulleros oceánicos, dos corbetas, un helicópteros, un avión y dos aeronaves turbomentor.

En poco menos de seis horas descendimos del ARA Bouchard, apostado cerca de la Escollera Norte, para abordar un bote semirrígido que nos llevó al ARA Contraalmirante Cordero, que fondeó a 2 millas náuticas de la costa de Mar del Plata, donde comenzaron los entrenamientos y simulacros de operativos especiales.

El ingreso al mar pareció turbulento para el grupo de periodistas invitados a la actividad, pero para los tripulantes fue simplemente “un día normal”. “Mancha de aceite. Así le decimos al mar cuando está en días como hoy, sin viento”, graficó uno de ellos, para trasmitir tranquilidad.

El patrullero ARA Contraalmirante Cordero, listo para los ejercicios militares

Los buques de patrullado marítimo tienen como sede la Base Naval de Mar del Plata, pero al poco tiempo notamos una federalidad muy grande entre los miembros que eligen la carrera militar, que promueve las capacitaciones y los traslados constantes.

Ya embarcados en el más moderno de estos barcos de la flota nacional, adquirido en 2022, vimos cómo los tripulantes se desplazaban con la precisión de un mecanismo de relojería para cumplir con cada tarea y dar aviso a los altos mandos de cada objetivo completado.

Imperaba el orden y el silencio. No había ruidos, nadie escuchaba la radio, no había celulares a la vista y las únicas computadoras mostraban mapas y radares. En las mesas también había cuadernos inmensos llenos de notas y algunos binoculares. “A veces la tecnología falla y hay que volver al papel”, resumió el capitán de fragata, Francisco Javier Martínez (45), quien asumió el control de este patrullero en febrero pasado.

El flamante capitán, experto en comunicaciones, contó los datos técnicos de la nave -87 metros de eslora por 14 de manga- y dio detalles inesperados como que hay dos sillas que no pueden ser ocupadas por nadie salvo por él o quien designe en su lugar: la primera es desde donde decide los destinos de la nave, similar a un asiento de avión de primera clase, con un teléfono y una pantalla, y la otra está en el comedor, precisamente en una mesa ovalada donde el anfitrión ocupa el lugar central pegado a la pared.

En la parte superior del patrullero se izó una bandera argentina que permaneció allí hasta que se completaron los ejercicios dispuestos, en una secuencia que divisaron grupos de marplatenses desperdigados por la costa y contemplaron una postal inusual pero no extraordinaria. “Son ejercicios normales, de fraternidad. Similares a los viajes de la Fragata Libertad”, coincidieron tripulantes del patrullero en diálogo con este medio.

Por aire y por mar, se desplazan los militares argentinos al encuentro del portaaviones estadounidense

Antes de la llegada de la flota extranjera pudimos contemplar la simulación de los operativos que se activan cuando un buque sospechoso ingresa a la zona económica exclusiva, hasta las 200 millas marinas, para depredar la fauna marítima.

Motivados por los casos de poteros chinos que infringen la soberanía argentina en búsqueda del calamar, se abordó un buque mercante posiblemente infractor, que luego de las intimaciones correspondientes (en español y en inglés), embarcaron para “hacer una inspección de la carga y de la tripulación, para verificar si el buque está en infracción o no”.

Pasados estos ejercicios tuvo lugar una de las maniobras más desafiantes, que se repetirá en las próximas horas, denominada “fast rope”. Allí un helicóptero se acercó a unos 20 metros del patrullero para efectuar el descenso de ocho buzos tácticos, que deslizándose de una cuerda bajaron con habilidad, e inmediatamente tocaron el suelo empuñaron sus armas para ingresar al interior de la nave.

El helidesembarco táctico sobre la cubierta del patrullero pudo completarse entre dos y tres minutos, en una maniobra que elogiaron la totalidad de los marinos. Una vez efectuado el ingreso, uno de los tripulantes del patrullero corrió a guardar la enorme soga en un bolso, también con prontitud y celeridad.

Con la tarea cumplida compartimos un almuerzo con algunos de los tripulantes y contaron detalles apasionantes de su trabajo, donde asomaron muchas historias familiares con padres y abuelos miembros de la fuerza. El plato del día fue fideos spaghetti con carnes y verdura, con duraznos en almíbar de postre.

La expectativa de los marplatenses por ver algunas de estas maniobras fue sopesada, ya que las prácticas en conjunto con la Armada de Estados Unidos del próximo jueves y viernes no podrán divisarse desde el paseo costero, según informaron las autoridades marítimas, que recordaron que hace 14 años que no ingresa un portaaviones al Mar Argentino.

El primer ejercicio se realizó en 1990 con el pasaje del portaaviones USS “Abraham Lincoln”, y se repitió en 1991 con el portaaviones USS “Kitty Hawk”; en 1993 con el portaaviones USS “Constellation”; en 2004 con el portaaviones USS “Ronald Reagan”; en 2008 con el portaaviones USS “George Washington” y en 2010 con el portaaviones USS “Carl Vinson”, siendo esta última realizada por primera vez con el nombre “Gringo – Gaucho”.

La dimensión del “Washington” causa asombro entre los mismos tripulantes. Por ejemplo, en uno de los destructores argentinos están embarcadas 200 personas de las cuales 10 son cocineros. Y en el buque de guerra norteamericano viajan casi 6 mil hombres y cientos están destinado a las tareas de cocina.

En el marco del ejercicio PASSEX “Gringo-Gaucho II”, unidades de la Armada Argentina fondearon en la rada de Mar del Plata, mientras aguardan el encuentro con el portaaviones nuclear, uno de los más grandes del mundo, que está secundado por el destructor USS “Porter” y el buque logístico USNS “John Lenthall”.

La flota argentina que participará en esta ocasión se completa con el ARA “Piedrabuena” y el ARA “Storni”, sumadas a los destructores ARA “La Argentina” y ARA “Sarandí”; las corbetas ARA “Espora” y ARA “Rosales”; un helicóptero Sea King H3 y un helicóptero Fennec; un avión de exploración o vigilancia marítima B-200; y dos aeronaves turbomentor.

El objetivo del “Gringo- Gaucho” es incrementar el nivel de adiestramiento y la interoperabilidad entre ambas Armadas. Actualmente dos oficiales argentinos navegan a bordo del portaaviones USS “George Washington” para participar del planeamiento y coordinación de las actividades que se desarrollarán con la Armada Argentina.

Las actividades estarán orientadas a la realización de ejercicios de comunicaciones tácticas, transferencias aéreas de personal entre las unidades, maniobras y evoluciones tácticas en navegación. Además habrá anavisajes de helicópteros en cubierta, defensa antiaérea y antisubmarina, y prácticas de Visita Registro y Captura.

Teniendo como antecedente el reciente PASSEX con los buques de la Marina Nacional Francesa, este ejercicio permite a la Armada Argentina mejorar la interoperabilidad con otra Marina que tiene estándares de la OTAN, para practicar procedimientos y articular defensas dentro de una posible conformación de una Fuerza de Tareas Marítima.